Mundo de Inmediatistas y Centaveros

Publicado por @AlexParraMx miércoles, 18 de agosto de 2010 ,

"Cuando hayas talado el último árbol, cuando hayas matado al último animal, cuando hayas contaminado el último río, te darás cuenta de que el dinero no se come" (Proverbio del pueblo CrisCanadá)

Las conclusiones de conciencia son siempre superiores a las recapitulaciones académicas; será porque las primeras constituyen la potencialidad de lo aprendido y las segundas sólo sirven para aprobar el curso.


Hace un año, mientras preparaba un trabajo de fin de semestre sobre la evolución jurídica ambiental, creí adecuado vincularlo con el paradigma neoconstitucional de la posguerra, al que México va llegando tarde. El nexo de razón axiológica que sometió al iuspositivismo a una comparativa ética con el iusnaturalismo y su resultante controvertida: La filosofía de la moral en la Constitución.


Así, las abstracciones de la última generación del Derecho, “los derechos difusos”, cuya titularidad indeterminada y sus objetivos supraindividuales no agotaron su conceptualización tampoco en los derechos de la sociedad, sino de todos los seres humanos y del ambiente; no pudiendo lograr una buena asimilación por las grandes colectividades, que para el objeto del tema central, interesan porque sus huellas hídricas, de carbono, de alojamiento, de vida cotidiana irreflexiva y contaminante, devienen, acaso, en gestadoras del fin del mundo que conocemos.

Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de los recursos no renovables; en la que  pocos saben suficiente sobre éstos; una situación así constituye probablemente la mejor fórmula para el desastre (Usando la estructura conceptual de Carl Sagan). Y es que los problemas a los que se enfrentan los respetuosos del Derecho Ambiental son, fundamentalmente, una indiferencia práctica por parte de los pocos que están conscientes del daño que estamos provocando a nuestro mundo y un desconocimiento de la problemática por el grueso de la población, ya que, no obstante que la difusión del problema ha despertado las buenas intensiones de algunos, no tenemos (en la mayor parte del mundo) autoridades  suficientemente comprometidas.

Estamos llenos de leyes sin aplicación práctica, pobremente formuladas, sin tribunales adecuados, con operadores ignorantes y muchas veces corruptos; pero el problema al que nos enfrentamos no puede esperar a que superemos nuestros viejos vicios, a decir de la mayoría de los investigadores nos quedan sólo unas pocas décadas antes de que el mundo que conocemos se degradé de manera trascendente, y ya no se pueda sostener nuestra calidad de vida, ni siquiera la continuidad de muchas de las otras especies de seres vivos del planeta.

El cambio climático provocará una gran generación de pobreza debido a la extinción de formas de producción o a sus cambios imprevisibles: lluvias torrenciales, grandes sequías, extinción de flora y fauna; mucho de lo cual está ocurriendo ahora.

Son probablemente los albores de un colapso ambiental, y por lo tanto demográfico, económico, cultural y geopolítico, donde la correlación de fuerzas será acaso tan variable que las guerras se librarán por agua y las cosechas se defenderán con armas para decidir si alimentarán personas o motores. La evolución del Derecho ambiental ha sido lenta y evidentemente insuficiente.

Existen importantes avances en distintas partes del mundo, pero mientras las 500,000 personas más adineradas del planeta sean las responsables del 50% de la generación del bióxido de carbono y las leyes lo permitan, el control económico sobre la legislación de nuestros recursos naturales, inmediatista y centavera, devendrá en una insalvable posición de pérdidas incuantificables para nosotros y para las próximas generaciones.

Resulta urgente una revaloración de nuestras leyes y de nuestros reglamentos, su adecuación a las necesidades reales del entorno y sobre todo, la asunción de nuestro papel en la preservación del medio ambiente por parte de más miembros de la sociedad civil.

Alejandro Parra
@AlexParraMX